La seguridad es una de las necesidades básicas del ser humano. No en vano, Abraham Maslow la ubica en el segundo peldaño en la base de su famosa pirámide, la cual nos ilustra que los individuos anhelan sentirse seguros y protegidos, como factor fundamental hacia el camino de la autorrealización.

Quizás por ello los instintos más primitivos del ser humano se ponen de manifiesto ante situaciones que puedan amenazar su integridad física, patrimonial y moral, dejando de lado el raciocinio y humanidad que nos distingue como especie.

La violencia que acompaña el instinto de supervivencia de los individuos se exterioriza en su estado más puro a través de las llamadas detenciones ciudadanas, actos que se presentan disfrazados de autodefensa y justicia comunal y que cada vez cobra más fuerza en nuestro país.

Recientemente, el Centro de Estudios de Conflictos y Cohesión social (Coes) público su estudio denominado “Conflicto social: los motivos de la justificación de la violencia en Chile”, según el cual un 76% de los chilenos justifica las golpizas y otros métodos de castigo como forma de ajusticiar a delincuentes sorprendidos cometiendo algún delito.

El linchamiento, según la Real Academia Española, se define como una forma de “ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo”, sin recurso legal previo. Este tipo de acciones se intensifican entre los ciudadanos cuando sienten desamparo de las instituciones correspondientes, lo que motiva la aparición de mecanismos alternativos para resolver los conflictos, según declaraciones otorgadas a La Tercerca por Héctor Carvacho, profesor de psicología de la Universidad Católica e investigador del Coes.

Los linchamientos son populares en países con crisis institucionales y niveles de inseguridad extrema, como es el caso de Venezuela, nación que tiene a su  Caracas como la ciudad más violenta del mundo, con un registro de 130,35 asesinatos por cada 100.000 habitantes en 2016, seguida de Acapulco, en México, y la hondureña San Pedro Sula, de acuerdo a cifras divulgadas en el mes de abril por la Organización no Gubernamental mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

El catedrático de la Universidad Católica, Héctor Carvacho, indica que en Chile “el apoyo a los linchamientos es mayor entre personas de derecha (81%) y de centro (78%), así como entre personas de clase social subjetiva media (79%) y media-baja (76%)”.  El estudio realizado por el Coes reveló además que el 88% de las personas cree que los jueces deberían dar condenas más largas a quienes cometen asaltos.